Tu persiana de siempre sirve
Si lamas y guías están sanas, el motor va en la persiana que ya cuelga del cajón y no gastas en un paño nuevo.
Persianas eléctricas
¿Te cuesta cada mañana subir la persiana grande del salón? Alojamos un motor en su eje, sin abrir la pared. Después la manejas desde un botón junto a la ventana, con mando o con el teléfono.

En el Gòtic o la Ribera, la motorización de persianas en Ciutat Vella suele empezar por el balcón del salón. Allí el paño de lamas es alto y pesado, y la cinta se deshilacha antes que en ninguna otra ventana.
Con el motor, ese esfuerzo pasa al eje. Sobran la cinta y la caja del recogedor atornillada junto al marco, y por fuera la ventana sigue igual que siempre.
¿Dónde va el motor si luego no se ve? Es un tubo metálico que se mete en el eje, dentro del cajón donde ya se enrolla la persiana. Escogemos su fuerza según el peso del paño. Una persiana de PVC de ventana pequeña pide poco; una enrollable de aluminio de balcón, bastante más.
Después regulamos los finales de carrera, unos topes internos que marcan al motor dónde acaba el recorrido por los dos extremos. Así las lamas no se aplastan contra el cajón ni contra el suelo del balcón.
El control más directo es un pulsador de pared junto a la ventana. Si no quieres rozas, ponemos un receptor de radio con un pulsador inalámbrico pegado a la pared. O un mando que cabe en la mesilla.
Con un receptor Wi-Fi la persiana entra en una aplicación del teléfono. Así la subes sin levantarte del sofá o estando fuera, creas grupos y fijas horarios.
¿Ya das órdenes en voz alta a un altavoz inteligente? Antes de montar nada comprobamos si el receptor elegido se puede enlazar con tu asistente de voz. Si es así, la persiana sube cuando se lo pides.
Todo motor necesita electricidad cerca de la ventana. Normalmente aprovechamos una toma cercana o una caja de registro. Desde ahí llevamos el cable por una canaleta estrecha, que luego puede ir del color de la pared.
En pisos con la instalación eléctrica muy vieja la revisamos primero. Si no está para cargar con un aparato más, lo sabrás en la visita, antes de tocar nada.
La otra mitad de nuestro trabajo con motores es arreglarlos. Una persiana motorizada que ya no sube suele tener remedio sin cambiar el motor. Por eso empezamos siempre buscando la pieza concreta que falla.
Hay cuatro cosas que puedes revisar sin herramientas:
Cada respuesta orienta la búsqueda. Un motor que zumba sin mover nada apunta al adaptador que lo une al eje. Uno mudo apunta al receptor, al cableado o al propio motor.
Las más frecuentes son tres: un final de carrera desajustado, un adaptador gastado y un receptor que perdió la programación tras un corte de luz. Menos veces encontramos un motor quemado por insistir con el botón cuando la persiana estaba trabada.
Si el motor sí está perdido, lo sustituimos por otro de igual fuerza, o mayor si el paño lo pide. De paso revisamos las guías y el paño. Un motor nuevo sobre una persiana que roza dura mucho menos de lo que debería.
Pasa con frecuencia: la persiana del dormitorio subía a tirones y se quedaba a medio camino. Tras ajustar los finales de carrera y cambiar el adaptador, sube seguida y para justo en su sitio.
En los balcones de techo alto el paño puede pasar de dos metros de caída. Ahí montamos un motor con más fuerza y comprobamos antes que las guías estén rectas. Ningún motor corrige una persiana que se arrastra.
Si la ventana es muy ancha, proponemos partir el paño en dos persianas, cada una con su motor. Cada mitad pesa menos, el motor sufre menos y, si una falla, la otra sigue funcionando.
Cuando piensas en motorizar varias ventanas, conviene decidirlo de una vez. Usamos el mismo tipo de receptor en todas, para que un solo mando o una sola aplicación las gobierne.
Puedes agruparlas por estancias o dejar un pulsador general en el recibidor que lo baja todo al salir. Y si prefieres repartir el gasto, empezamos por la ventana que más pesa y sumamos las demás más adelante.
Con control por Wi-Fi decides a qué hora sube y baja cada persiana. Sirve para que el piso parezca habitado en agosto. También para cerrar las ventanas de poniente antes de que entre el sol de la tarde.
Bajar a tiempo en verano y cerrar al anochecer en invierno ahorra energía. La casa pide menos aire acondicionado y menos calefacción.
El motor apenas pide atención; la persiana, algo más. Si las guías acumulan polvo o una lama roza, el motor hace más fuerza y se calienta antes.
Limpia las guías dos veces al año y suelta el botón en cuanto la persiana llega arriba. Si notas que baja más lenta o que se detiene sola, avísanos antes de que el fallo crezca.
Cerca del mar, en la Barceloneta, el salitre ataca los contactos del receptor. Allí revisamos conexiones y receptor siempre que vamos por cualquier otro trabajo.
Quienes más lo agradecen son las personas mayores o con poca fuerza en las manos, y quienes viven en pisos altos sin ascensor. También los apartamentos de alquiler temporal, donde la cinta pasa por muchas manos.
Si tu persiana está muy gastada y además quieres motor, quizá te salga mejor poner una persiana nueva ya motorizada. Si lo único roto es la cinta, puede bastar con arreglar la persiana manual y dejar el motor para otro momento.
Montamos y arreglamos motores por todo Ciutat Vella. Es decir, la Barceloneta, el Raval, el Gòtic y Sant Pere con Santa Caterina, la Ribera y el Born. Fuera del distrito, en Barcelona, cubrimos Sant Antoni, el Poble-sec y el Fort Pienc. Y también l'Eixample, tanto la Dreta como l'Antiga Esquerra, y en el Poblenou la Vila Olímpica y Parc i la Llacuna.
Vamos en moto: un callejón donde no cabe una furgoneta no nos frena.

Si además llevas un bar o un comercio en los bajos, su cierre metálico lleva otro motor, más robusto. Lo explicamos en su propia página.

Cuando el paño viejo pesa demasiado, cambiarlo por uno de lamas más livianas alarga la vida del motor.
Si lamas y guías están sanas, el motor va en la persiana que ya cuelga del cajón y no gastas en un paño nuevo.
Elegimos la potencia por el peso real, para que el motor no vaya justo ni se queme en dos veranos. Llevamos más de 27 años abriendo cajones en estas fincas, y al levantar el paño a mano ya intuimos qué motor le toca.
Con pulsador inalámbrico o mando, la pared queda tal como estaba y no hay yeso que tapar.
Te enseñamos el mando o la aplicación con calma, y te atendemos en catalán, inglés o castellano, también en la factura.
Calculamos el peso del paño, miramos eje y guías y localizamos la toma de corriente que queda más a mano.
Comparamos pulsador, mando y móvil, y sabes lo que supone cada camino antes de que saquemos la herramienta.
Metemos el motor en el eje, quitamos cinta y recogedor y dejamos fijados los finales de carrera.
Hacemos varias subidas y bajadas a tu lado hasta que la manejes con soltura. El motor nuevo lleva la garantía legal, que es de tres años, y en la factura consta la pieza.
En el precio pesa más cómo quieras manejarla, y cuántas ventanas sean, que la persiana en sí. Lo ordenamos en tres niveles, sin cifras, porque cada piso es distinto.
Para el motor que gira pero ya no arrastra el eje, o que para donde no debe.
Es el encargo más habitual: un balcón o una ventana pesada.
Receptores Wi-Fi, grupos por estancias y horarios programados.
Lo que acabe costando depende de la corriente que haya cerca y del tamaño del paño. Dinos cuántas ventanas quieres motorizar y te llamamos para verlo.
No, en la mayoría de persianas enrollables se aprovecha la que ya tienes. El motor tubular entra en el eje o lo sustituye, y la cinta con su recogedor dejan de hacer falta. Solo aconsejamos cambiarla si las lamas están rotas o las guías torcidas, porque un motor sobre un paño dañado trabaja forzado. La ventana y la fachada no se tocan.
Es un trabajo de nivel moderado: más que un arreglo de cinta y menos que una persiana entera nueva. Influyen el tamaño del paño, el control que elijas y la distancia hasta el enchufe más próximo. En los pisos de Ciutat Vella lo vemos en casa y te damos el importe antes de empezar el montaje. No publicamos cifras porque dos ventanas del mismo piso pueden pedir motores distintos.
Se queda quieta en la posición en que estaba y vuelve a obedecer cuando regresa la corriente. No cae ni se suelta, porque el motor la sujeta con su freno interno. Para quien lo necesite hay motores que traen una maniobra manual para emergencias y permiten subirla con una manivela durante el apagón. Suele merecer la pena en la ventana principal de la casa.
Deja de pulsar y comprueba primero que hay corriente en esa habitación y pila en el mando. Si al pulsar oyes un zumbido sin movimiento, lo más probable es el adaptador del eje. Si no se oye nada, miramos receptor, cable y motor. No abras el cajón ni fuerces el paño a mano, porque se puede soltar del eje. Llámanos y lo diagnosticamos en casa antes de cambiar ninguna pieza.
Sí, si el motor o su receptor tienen conexión Wi-Fi. Desde la aplicación las manejas aunque no estés en casa, las agrupas y programas a qué hora sube o baja cada una. Si ya tienes un motor con mando de radio, a veces basta con añadir un receptor compatible sin cambiar el motor. Te lo dejamos configurado en el teléfono antes de marcharnos.
Dinos qué ventana te cansa más y te decimos si admite motor y qué control te va mejor.
El aviso llega al taller de Santa Caterina y te devolvemos la llamada. Urgencias 24 h, también sábados, domingos y festivos.