Cierre sin rendijas
Tomamos la medida en tres alturas. La mosquitera ajusta aunque el marco esté torcido.
Contra el mosquito tigre
¿Te despierta el zumbido en cuanto abres la ventana? Medimos cada hueco de tu finca, por torcido que esté el marco, y colocamos una mosquitera que cierra sin dejar rendijas.

Tipos de mosquitera
Colocar mosquiteras en Ciutat Vella no se parece a hacerlo en un piso nuevo. La carpintería de las fincas del XIX lleva décadas moviéndose, y casi ningún marco conserva el ángulo recto.
Además, muchas hojas abren hacia dentro y conviven con contraventanas de madera. Por eso medimos en la parte alta, a media altura y abajo, y escogemos el modelo según cómo se comporta ese hueco.
Para la ventana del dormitorio, la enrollable es la que más nos pedís. La malla vive en un cajoncito superior y baja guiada por dos perfiles laterales. Cuando no la necesitas, sube y queda escondida.
Si con los años deja de recoger, casi siempre falla el muelle interior. Se cambia sin desmontar el bastidor entero.
La puerta del balcón pide otra cosa, porque por ahí sales a tender o a regar las macetas. La plisada se recoge en pliegues hacia un lateral y su carril de suelo es tan bajo que no se tropieza. Es el modelo que más montamos en los balcones del distrito.
La fija consiste en un bastidor ligero de aluminio con su malla, encajado en el hueco. Va bien en ventanas por las que nadie se asoma, como la del baño o la del patio de luces. La corredera, en cambio, viaja por un carril y acompaña a las ventanas correderas de aluminio.
La puerta mosquitera abatible abre con bisagras, como una puerta pequeña. Necesita espacio libre para girar, y en los balcones estrechos de estas calles ese sitio rara vez existe. Si tu salida da a una terraza amplia, coméntalo cuando vengamos a medir.
La tela de fibra de vidrio de siempre deja pasar aire y luz y apenas se ve. Con gatos en casa conviene una malla reforzada, más gruesa, que resiste las uñas. En la cocina, una trama algo más tupida aguanta mejor el tirón de la campana extractora.
El mosquito tigre se ha extendido por toda Barcelona y, a diferencia del común, pica también de día. En el casco antiguo encuentra agua quieta en platos de macetas, cubos de patio y desagües de balcón. Una malla sin huecos en los laterales es lo que te deja ventilar de noche sin picaduras.
Antes de encargarla, revisa tú mismo estos puntos.
En estas fincas es lo normal, con la persiana por fuera y la hoja hacia dentro. La enrollable se aloja entonces entre las dos, dentro del grosor del muro. Medimos el espacio libre con cuidado para que la persiana siga bajando sin rozar la malla.
Con contraventanas de madera, la situamos de modo que sigan cerrando. Antes de irnos abrimos y cerramos cada hoja contigo delante.
El perfil se fabrica en blanco, en tonos tierra o imitando la madera. Buscamos el que menos destaque desde la calle y el que acompaña a tu carpintería. En fincas donde los vecinos piden una fachada uniforme, ese detalle ahorra discusiones en la junta.
La primavera es el mejor momento, antes de que lleguen las noches de bochorno. En julio todo el vecindario se acuerda a la vez de los mosquitos. Aun así, si ya estás en pleno verano, llama y buscamos hueco en la agenda.
La cocina es donde la ventana pasa más horas abierta, y el olor de la comida atrae a los insectos. Ahí suele bastar una fija o una corredera, fácil de sacar para lavarla.
Si la campana tira con fuerza, elegimos una malla más densa y bien tensada, para que la corriente no la despegue del bastidor. En un baño pequeño, la fija gana por coste y porque no estorba.
Un marco centenario no se agujerea a la ligera. Siempre que el hueco lo permite, anclamos al muro o usamos bastidores a presión que no dejan señal. Importa en pisos de alquiler y en fincas cuya carpintería forma parte de una fachada protegida.
Si esa misma ventana necesita también persiana, podemos hacer las dos cosas juntas con una instalación de persiana a medida. Así cuadramos ambas piezas de una vez.
Si dudas entre dos modelos, te enseñamos una muestra de cada uno sobre tu propia ventana. Ves cómo abre, cuánto se nota desde fuera y cuánto aire entra.
Donde el inquilino cambia cada pocas semanas, la mosquitera trabaja el doble. Ahí recomendamos enrollable o plisada con malla reforzada. Si un día se rasga, cambiamos la tela y el bastidor sigue en su sitio.
Entre el polvo de las obras y el salitre que sube desde la Barceloneta, la malla se ensucia más rápido de lo que parece. Pásale un paño húmedo o un cepillo blando por las dos caras al principio y al final del verano. Limpia también el carril de abajo para que corra suave.
Una malla rasgada no obliga a tirar la mosquitera. Cambiamos telas rotas, muelles de enrollables que ya no suben y cepillos laterales gastados por donde se cuela el bicho. Si arreglarla sale más a cuenta que hacer una nueva, te lo contamos con franqueza.
Antes, la enrollable se quedaba a media altura y los mosquitos entraban por el hueco. Con muelle y tela nuevos, recoge entera y cierra pegada al marco.
Medimos y colocamos por todo Ciutat Vella. Subimos a pisos de la Barceloneta y del Raval, del Gòtic y de la Ribera, donde quedan el Born, Santa Caterina y Sant Pere. Más allá del distrito trabajamos en Barcelona, en especial por los barrios pegados a él.
Eso incluye Sant Antoni, con su mercado de hierro, y el Poble-sec, ya bajo la montaña. Hacia el norte, el Eixample, tanto en la Dreta como en l'Antiga Esquerra, y el Fort Pienc. Junto al mar llegamos a la Vila Olímpica y a Parc i la Llacuna, ya en el Poblenou.
En la misma ventana

Cuando la persiana del balcón ya está cansada, la renovamos aprovechando la visita de la mosquitera.

Ya que subimos, echamos un vistazo a la persiana de esa ventana y te contamos qué le pasa.
Por qué con nosotros
Tomamos la medida en tres alturas. La mosquitera ajusta aunque el marco esté torcido.
Anclamos al muro o a presión siempre que se puede. El marco antiguo no se resiente. En más de 27 años trabajando con carpinterías viejas hemos aprendido a fijar la mosquitera sin agrietar ni un solo listón.
Estándar, reforzada contra uñas o más tupida para la cocina. Te enseñamos las tres.
Telas, muelles y cepillos los tenemos en el taller, a dos pasos del mercado de Santa Caterina. Si algo se rompe, cambiamos solo esa pieza.
Paso a paso
Llegamos en moto, sin pelearnos por aparcar en estas calles. Tomamos ventanas y puertas en tres alturas y anotamos hacia dónde abre cada hoja.
Te enseñamos las muestras sobre tu propia ventana. Sabes lo que vale cada opción antes de decidir, y te lo explicamos en inglés, castellano o catalán.
Cortamos perfil y malla para ese hueco concreto, sin medidas de catálogo. Lo habitual es que esté lista antes de que termine el día del encargo.
La montamos, la abrimos y cerramos contigo y comprobamos que no quede ningún resquicio. Te dejamos la factura con lo colocado, que es tu comprobante si algo falla.
Coste orientativo
Una ventanita de baño y una puerta de balcón de casi tres metros no piden el mismo trabajo, y el importe lo refleja. El factor principal es el tipo de mosquitera, junto con el tamaño del hueco, la malla y cuántas ventanas cubres a la vez. El color del perfil también influye, aunque menos.
El total sale de cuántos huecos quieras proteger, y lo conoces antes de que montemos nada. Cuéntanos cuántas ventanas son y te llamamos para fijar cuándo pasamos a medir.
Económico. Ventanas de cocina, baño o patio, y telas rotas en bastidores sanos.
Moderado. La habitual en dormitorios y salones con vistas a la calle.
Premium. Paso libre, carril bajo y recorrido largo en puertas altas.
Dudas
No siempre. La fija puede ir encajada a presión, sin un solo taladro, y la enrollable o la plisada van ancladas muchas veces al muro en lugar de a la madera. Cuando no queda otra que atornillar al marco, usamos pocos puntos y en zonas que no se ven. En carpinterías de fachada protegida lo miramos con especial cuidado, porque la comunidad suele pedir que no se toquen.
El modelo marca la mayor diferencia, y después las medidas de la ventana o la puerta. La fija es la opción más económica, la enrollable queda en un punto medio y la plisada para puerta de balcón es la más completa. Cuentan también la malla, el color del perfil y cuántos huecos cubres. Sabrás el importe al medir, antes de fabricar nada, sin sorpresas en la factura.
La plisada suele ser la mejor elección. Se recoge en pliegues hacia un lado, deja todo el paso libre y su carril inferior es tan bajo que no se tropieza al salir a regar. En huecos muy estrechos funciona también una enrollable de recogida lateral. Para decidir miramos el ancho real, hacia dónde abre la hoja y si la barandilla queda pegada a la puerta.
Con la malla normal, no, porque las uñas la rasgan en pocas semanas. En pisos con gatos o perros que se apoyan en la ventana colocamos una malla reforzada, más gruesa y mucho más resistente. Se nota algo más a la vista, pero deja pasar el aire igual. Si el gato ya ha roto la tuya, basta con cambiar la tela por la reforzada.
En la mayoría de modelos no hace falta. La enrollable y la plisada se recogen en su cajón o en su lateral y pasan el invierno ahí, protegidas. La fija sí conviene sacarla si quieres más luz, y se quita y se vuelve a poner en un momento. Aprovecha para lavar la malla con agua y jabón neutro antes de guardarla.
Casi siempre la dejamos puesta el día en que nos das el sí al presupuesto. Tomamos medidas, escoges modelo y malla, y no toca esperar semanas a que llegue. Si algún modelo necesita más tiempo, te avisamos en la visita. En pleno julio, con medio vecindario pidiendo a la vez, conviene llamar pronto.
Pasamos a medir tus ventanas y te explicamos qué mosquitera encaja en cada una, con el precio por delante.
El aviso llega al taller de Santa Caterina y te devolvemos la llamada. Urgencias 24 h, también sábados, domingos y festivos.